“Hace un tiempo mi madre me mandó unos
alfajores de maicena, no soy fan de ellos, pero sé que me los manda con
mucho cariño pero los abrí y mordí uno… no me gustó y lo dejé cuando volví
los vi abiertos y ya se habian endurecido. Me di cuenta que ya no eran comestibles
y los dejé medios ocultos en la cocina. Pensé en hacer algo con ellos, pero nunca
supe que hacer, porque tampoco se pueden comer. Cualquier cosa es mejor que tirarlos,
pero en este punto aunque no quiera, yo sé que es lo que tengo que hacer.”
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